Jake Bugg: Blue Monday en pleno octubre

Texto: @BerenizeconZeta

Fotos: @gissunshine

¿Existe algo más melancólico que una tarde de domingo? Sí, un concierto de Jake Bugg en lunes. Desmayos, lágrimas y canciones tristes envolvieron el aura de este inicio de semana.

Jake Edwin Kennedy Bugg a.k.a Jake Bugg visitó por cuarta ocasión tierra mexa para presentar On my One, su tercera producción discográfica.

En 2012 Jake lanzó su homónimo de 14 canciones cargadas de folk y nostalgia, carta de presentación con la que su fama ascendió como la espuma en un tarro de cerveza. Por lo que no fue novedad que en 2013 su participación en el Corona Capital fuera presenciada por más de 40 mil personas; que ese mismo año ofreciera un show en el José Cuervo Salón y que un año más tarde regresara a dicho recinto. La gente aclamaba un Plaza Condesa y el cantante británico se los concedió.

Mientras Charlie Rodd, cantante regiomontano de folk, cumplía su sueño de ser telonero de Jake Bugg, el foro se dividía entre la gente que se aferraba a la valla y aquélla que solo buscaba un buen lugar para disfrutar del concierto.

Lamentablemente la mayoría de las veces las bandas teloneras no son aceptas por el público. Charlie fue una grata excepción, la gente lo ovacionaba y coreaba sus canciones.

Durante el soundcheck, el bochornoso calor y la emoción provocaron que algunas adolescentes se desmayaran… por lo que los paramédicos tuvieron que intervenir. Gracias al “Dios del rock” la situación no pasó a mayores, y es que a pesar de ser Sold Out, no hubo empujones, la gente respetaba el espacio vital.

Las luces se apagaron, Jake Bugg apareció en escena en medio de los apabullantes y enérgicos gritos de sus jóvenes seguidores que contrastaban con los lúgubres acordes de “On my one”, composición que da nombre al disco y con la cual es fácil de identificarse pues todos nos hemos sentido perdidos y cuestionamos a dónde pertenecemos realmente.

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La enternecedora voz del cantante británico sobresalía formidable-mente de entre los incesantes gritos de los apasionados fans, a diferencia de sus presentaciones anteriores en el extinto José Cuervo, en donde la acústica dejaba mucho que desear y Jake apenas era audible.

Él, su guitarra y un set acústico de 7 canciones nos sumergieron en un dulce tormento del que nos rescató a tiempo el rasgueo de su Fender Stratocaster en “Two Fingers”, donde su banda ya le hacía segunda.

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Muy pocos se dejaron llevar al ritmo del folk pues la mayoría “veía” el concierto a través de las pantallas de sus celulares. Registrando su visita en fotos y/o videos para Instagram y Snapchat…

El cantautor inglés realizó un recorrido por sus producciones anteriores Jake Bugg y Shangri La con temas como “Seen it all”, “Trouble Town”, “Messed up kids” y “Simple pleasures” que enloquecían a los presentes. Y desplegó su nuevo repertorio: temas que exploran estilos ligados al R&B con tintes hiphoperos en las percusiones, que no se alejarse demasiado de sus raíces folk

“It’s really an honour to be here. Thank very much to make this evening so special. Smile. I smile, I always smile. You make me smile, thank you”, dijo Jake y era cierto en sus labios no paraba de dibujarse una curvilínea que reflejaba su emoción y agradecimiento.  

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La gente aclamaba “Broken”. Se podían ver lágrimas recorrer las mejillas de algunos; todos cantaban, más bien gritaban, como si de ello dependiese su vida con la voz de Jake intentaba sanar heridas. Fue el momento más íntimo de la noche.

Bugg finalizó con “Lightning Bolt”. Dejó su guitarra, se despidió y salió del escenario. Las luces revelaban la inconformidad de sus fans, quienes se debatían entre la emoción de haberlo visto y el desencanto de su “inconcluso desenlace”, y es que Jake Bugg siempre deja con ganas de más. Pero sin duda fue un lunes más melancólico que el tercer inicio de semana de cualquier enero.