Una noche bohemia con Father John Misty en El Plaza

Texto: Gisela Terrazas
Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

“Nos volvemos a ver un año después, Mr. Tillman. Ahora portas un atuendo elegante y blanco y se te nota más desenvuelto en el escenario, y no es que aquella noche en el Teatro Metropólitan estuvieras menos suelto, sino que se te nota más experimentado, ¡y cómo no! con tanta inspiración que plasmaste en God’s Favorite Customer, tu más reciente LP tan aclamado por la industria”… pienso para mis adentros cuando veo a Father John Misty entrar al escenario del Plaza Condesa; junto a él su banda de músicos que en total forman un majestuoso ensamble.

La audiencia de anoche no estuvo mal. Aunque la mayoría retrocedimos tres años en el tiempo al escuchar “Nancy From Now” y Chateau Lobby #4 (in C for Two Virgins)” de primer golpe; la melancolía que reinaba en el aire tenía otro sabor, pues era compartida. El respeto hacia Father John Misty se percibía a leguas, claramente íbamos a entregarnos a su música sin medida. El arreglo de metales se escuchó impecable y su sonido agudizado se regodeaba en lo profundo de nuestras mentes.

Un torbellino de canciones bastante bien seleccionadas fueron cayendo como gotas (¿de lluvia?, ¿de lágrimas?). Las interpretadas con sentimiento a flor de piel fueron “Hollywood Forever Cemetery”, “ILY, Honeybear”, “Please Don’t Die” y, por supuesto, “Comedy”.

Joshua Tillman es todo un showman. Puede tocar tu corazón con su voz. Logra apropiarse del escenario con sus pasos de baile que involucran seducción y elegancia (¿a quién le importa si son afeminados?). Su concentración en darlo todo se ve reflejada en su escasa comunicación con sus fans. Pronunció “Thank you very much” en repetidas ocasiones hasta que, después de interpretarnos “Bored in the USA”, comentó:

“Suena bastante gracioso cantar eso estando en esta bella ciudad”. Refiriéndose después a la ridícula posición de ya saben qué presidente (Trump).

Así sea que bebieras whiskey, cerveza o cualquier consumo extra, escuchar y observar detenidamente a Mr. Tillman de tan cerca, te pone en un modo bohemio e introspectivo que, sin beneficio a la duda, te da más vida. Ahora esperemos a que vuelva, quizá con otro puñado de canciones inspiradoras.