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Adiós, vaquero… 10 años de El Imperial

En los últimos años hemos visto a muchas leyendas morir, que simplemente enlistarlos me llevaría toda la noche. Pero a nivel local, este fin de semana nos tocó despedir a uno de los venues más emblemáticos de la ciudad y el circuito Roma-Condesa. Me costó trabajo decidir cómo comenzar a redactar este texto, por lo que me tomé la libertad de hacerlo con tres experiencias que tuve en el venue.

Comienzo con Austin TV. Era la primera vez que ellos tocaban en el venue, y era la primera vez que yo asistía como público. Era finales de 2010, y la noche no podía ser mejor, un Imperial hasta el tope, la energía de todos se sentía en el lugar; unos chicos que según eran de Noisey repartieron cámaras digitales entre el público, para que desde nuestra trinchera grabáramos el show.

Le dije a la chica que me prestó una cámara con toda la confianza del mundo: “pero yo me meto al slam, se va a ver todo movido”. Y me respondió: “No hay pedo, eso es justo lo que queremos capturar”. Me preocupaba que no todos le devolvieran la cámara, “es demasiada confianza”, le dije a mi amiga con la que iba y de la cual ya no he sabido mucho.

Todo se descontroló, se puso bien bello, nunca había estado taaaan cerca de una banda que me gustara, fue toda una experiencia reveladora, pues yo quería ser parte de eso más allá de ir de fan. Al final sí devolvimos la cámara y afuera del show confundí a un miembro de Austin con su mánager, creo que nunca me lo perdonó… el mánager.

En la segunda ya hacía mis propios shows, esa vez me tocó llevar a Jean Loup a que tocaran con los Easy Easy, unos guatemaltecos de donde saldría después Jesse Baez. Para ser un martes de propuesta había bastantita gente, no recuerdo si fue ese mismo show, pero ahí vimos en acción al Dragón (stage manager del venue), quien era conocido por tratar a todos de la chingada, pero esa vez tuvimos quizá la suerte de que anduviera de buenas, ya que no nos trató tan mal.

Como hubo una organización medio rara previo al evento, me terminé peleando con la otra promotora, pero años después decidimos dejar atrás esas diferencias para seguir chambeando por esto que tanto nos gusta. Lo más revelador de esa noche fue ver en vivo a Easy Easy, era algo que los pocos que se quedaron al final pudieron apreciar con expresión de anonadados; nadie podía dar crédito de lo que estaba frente a sus ojos y lo que sus oídos estaban escuchando. Era una banda sublime en toda la extensión de la palabra, quizá adelantada a su época, aunque ahora ya sabemos el desenlace.

El otro que recuerdo con mucho cariño fue la primera vez que decidí ver a Little Jesus en vivo. Andaba intentando ligar a una morrita, era 14 de febrero y me habían dado accesos para ir a ver a Clubz y a Little Jesus. El lugar estaba hasta su madre, no cabía ni un alma y había un chingo de gente que no logró entrar. Logramos colarnos porque nuestros nombres estaban en la lista de invitados. Siempre había estado renuente a verlos, seguido le abrían bandas que me gustaban un chingo como Big Big Love y No Somos Marineros, pero por una u otra razón no me quedaba a verlos.

En el momento en el que se subieron al escenario no podía apreciar otra cosa que una banda que sabía realmente lo que hacía, había bastante potencial, que le daba esos méritos que hoy son pruebas reales como su contrato con Sony o su sold out en El Plaza (shout out para El Dragón que ahora trabaja como stage manager de Little Jesus, su chamba vale más que su cara emputado). Al final no logré ligar con la morra pero días después nos volvimos a ver y se armó la carnita asada, aunque fue algo muy fugaz.

El punto de estas pequeñas anécdotas es muestra de la importancia de este tipo de espacios para la música independiente. No es sólo un venue, con empleados mamones, digo, sabemos que no todos tuvieron la suerte de que sus bandas perfilaran en el espacio, pero pues ya sea por contactos o no, el espacio es de quien lo busca y lo sabe trabajar.  Es un circuito, donde se conocen personas y el RP juega un papel súper importante; es la catapulta de un venue con condiciones idóneas para que te des cuenta si estás listo para hacerlo sonar bien y lograr llenarlo.

El Imperial vio desfilar a miles de bandas de las cuales un porcentaje muy pequeño logró despuntar y un porcentaje muy grande ya caducó, pero vamos, es música, así es esto, pues. Afortunadamente existen cada vez más y mejores espacios, las buenas propuestas no dejan de aparecer, reinventarse o crecer. Pero el mérito verdadero lo tienen, evidentemente, los pioneros, quienes vieron a futuro un negocio que podía ayudar a proyectos y talentos pequeños, un modelo que otros replicaron y trabajaron, ¿mejor? Quizá sí, pero porque las condiciones quizá cambiaron, El Imperial, como muchos bares, siempre la tuvo difícil, pero con todo y eso nos deja un legado de 10 años, llenos de experiencias y proyectos que ahora se perfilan para al fin dejar de idolatrar a Caifanes y Café Tacvba.

¿El final? Hasta el momento sólo ellos saben. Puede que hagan lo mismo como hicieron con el Bull Dog hace unos meses; nomás cambiaron de administración, le pusieron unas lucecitas freppas en la pared y le cambiaron el nombre, ahora hacen fiestas y perreos. No sabemos el destino de El Imperial, sin embargo sabemos todo lo que dejó tras su paso por la ciudad.

Gracias por tantas experiencias, Su Majestad Imperial.