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#NuevosRuidos: D’arcy, la evolución de No somos marineros

Este año comencé a traer a bandas extranjeras con el fin de darlas a conocer en el país o que los pocos o muchos fans que morían por verlos alguna vez en vivo (yo incluído) tuvieran chance de presenciarlos en México. Gracias a esto me he dado cuenta de una extraña tendencia entre ellos: nadie quiere ser taggeado en el género math-rock. La cosa está así: a pesar de que sí, por la naturaleza de la música que hacen se puede encasillar en el math (género musical principalmente caracterizado por complejos ritmos y patrones instrumentales) a bandas como Delta Sleep, Totorro o Pretend, no les encanta el label de dicho género, y aunque ninguno me pudo dar una explicación tajante y completa, el punto es que en su evolución podrían dejar o cambiar algunas cosas que no van tanto con el género.

Esto mismo pasó con una de nuestras bandas favoritas del underground en México: No somos marineros, quienes claramente se hartaron de que tanto público como medios los encasillamos como la banda revelación del math en su momento. Y bueno, lo acaban de demostrar en su más reciente álbum D’arcy, lanzado apenas hace unos días a través de su plataforma de confianza Bandcamp. Donde ya no hay math, en lo absoluto, adiós tapping, adiós compases raros, ahora No somos marineros nos muestra un sonido totalmente distinto, en la misma banda, algo que rara vez hemos visto en las bandas independientes del país.

No somos marineros comenzaron por ahí de 2012 con un EP titulado Demo juvenil en vivo, tres rolas en las que claramente se veían influencias muy marcadas en el género de bandas como American Football, Storm And Stress, Sharks Keep Moving, entre otros. De ahí hubo una serie de canciones (que por cierto la mayoría casi nunca se publicaron y/o grabaron en estudio) que seguían esa misma línea, pero poco a poco, incluso en vivo su sonido fue cambiando. Según ellos me contaron por ahí de 2014 (y si la memoria no me falla tanto) que estaban grabando un álbum que seguía esos patrones, sin embargo algunos de los miembros ya no se sentían identificados con esos tapping de guitarras y compases complejos, que decidieron cambiar el rumbo de la banda.

Esto les costó eliminar todo el material que ya habían compuesto, uno de sus miembros salió para seguir su carrera en el audiovisual y empezar un nuevo álbum desde cero. Esto dio como resultado Lomas Verdes, álbum publicado en diciembre de 2014, grabado en Testa Estudio en una sola toma y en cinta magnética. El álbum fue bastante criticado tanto por los puristas y amantes del género, que porque ya no sonaba a math, que porque la calidad dejaba mucho que desear, en fin, esas cosas que pasan cuando alejas a tu público de su zona de confort. Sin embargo, otros agradecimos bastante el cambio y como opinión personal, LV es su mejor trabajo hasta el momento, mucho más allá de la calidad o el cambio (pues sí, sonaba poquito math, pero había más emo y menos tapping) ya que lo que se sentía en esas canciones era honestidad.

Ahora, tres años después de su primer álbum y totalmente alejados de, por ejemplo, una de sus primeras canciones: “Gisaról Profesales”, nos ponen sobre la mesa D’arcy, del cual Carlos (voz y guitarra) comentó en un post en Facebook: “Tres años cocinando esto; ahora es de quién lo escuche, yo puse la mayoria de mí en su realización junto con mis BBS favos Oscar Rubio, Gustavo Farfán, y Andres Gamiochipi”. Un álbum compuesto por nueve tracks en los que incluso dejaron un 90% atrás el sonido de Lomas Verdes, tanto en ejecución como en producción, esta última a cargo del venezolano Miguel Fraino (productor y guitarrista de Cardiel). No somos marineros no sólo cambió de piel, su música incluso podría dejar detrás el nombre de la banda, pero lo que lo mantiene, quisiera pensar, es la honestidad y las ganas de querer hacer la música que les gusta.

Como de costumbre, las canciones tienen títulos ambiguos a las letras y más bien reflejan situaciones muchas veces sin mucho sentido (al menos para sus seguidores) que viven en su vida diaria. Así nos recibe “Los bajos fondos”, donde nos dicen con una voz bien tenue: “olvídate de los gritos, olvídate de compases complejos, déjate llevar por el delay, y en vez de hacer slam, mejor acuéstate un rato a escuchar”. Esto se mantiene en “Je suis un basiur” nada de complejidad, música mucho más agradable para las masas, sobre todo con el revival del shoegaze, que desde hace un par de años mantiene viva la llama. A momentos suben de tono los instrumentos, pero la voz se mantiene, cómoda, sin esfuerzo, haciéndose notar mucho mejor que en Lomas Verdes, ya que allá el esfuerzo por empatar con el estruendo de los instrumentos era mucho mayor. “Andiamo vía” nos deja claro que una de las influencias quizá más grandes —aunque no lo quieran aceptar— está presente; Title Fight, quienes al igual que ellos fueron de mayor a menor, ¿no me creen? Dense el Floral Green y pasen de ahí al Hyperview y díganme si me equivoco.

“Cutlass (’96)” y “D’arcy “son los momentos más melódicos del disco, las influencias emo en las líricas son notorias, una voz a punto de quebrarse nos dice: “Quédate. Puedes verme cambiar. Quédate”. Mientras en D’arcy, el track más largo del disco es un resumen de todo lo que puedes encontrar en el álbum. La batería de Andrés es incomparable, puedes notar al momento su técnica y ejecución en cualquier rola de NSM, mientras que Farfán se queda un poco corto en el bajo con líneas bastante simples y repetitivas, sin embargo las guitarras traen todo ese filin del que les he estado hablando.

Del track seis al nueve la banda va evolucionando hasta llegar a un estruendo, donde nos encontramos con los marineros de hace tres años, enfadados, agresivos, fulminantes, nadie habría podido pedir o esperar mejor cierre en este álbum como lo hicieron con “Eurosport”, la esencia pura de la banda, un momento estás echado en la cama con tu morra escuchando el disco a todo volumen, llega este track y ya estás en medio de una multitud listo para echar el slam y gritar: “Sálvame, no harás nada mejor. Sé que no estás”.

Queridos No somos marineros, sigan haciendo lo que les gusta, evolucionen y/o cambien su sonido tanto como quieran, pero, por favor, no dejen de hacerlo.

LIVET celebra su primer aniversario con Big Big Love y No Somos Marineros

Todo surgió con el sueño de  varios colectivos que vemos en la actualidad circular por el circuito independiente: apoyar a pequeños grandes proyectos musicales. LIVET más enfocado en géneros como el post rock y el math rock, celebrará su primer año de trayectoria con un excelente cartel. Entre sus filas han pasado algunas bandas como Monolites, Páramo (antes Le Bande), y más recientemente Ikiatari. El proyecto va más allá del booking y management, pues también se encargan de realizar eventos dentro y fuera de la CDMX, para exponer a sus bandas y otros proyectos amigos. Continue reading LIVET celebra su primer aniversario con Big Big Love y No Somos Marineros

Bashir, revival del rock duro y psicodélico. #EnLaMira

Vaya… ¿qué decir de los revivals en México? Parece que una buena cantidad de bandas tomaron el ejemplo de Kevin Parker para tomar un sonido muy específico y en base a éste crear música que suena a antes con la frescura que nos dan los fierros de hoy en día. Ejemplos hay muchos, como Car Crash Sisters, Bleak Boys y Le 1991, tres proyectos de Aguascalientes que tomaron el shoegaze más agresivo para exponer su música sin necesidad de buscar algo novedoso y retomar un género que últimamente se ha explotado en el indie mexicano. Continue reading Bashir, revival del rock duro y psicodélico. #EnLaMira