Tag Archives: Parque Fundidora

Sol, baile y uno de los mejores festivales de 2017, Hellow

Hermoso cerro de la silla

quien estuviera en tu horqueta

una pata pa Monterrey

y la otra pa Cadereyta. 

La trascendencia que a partir de hoy tendrá el Hellow Fest entre los festivales de música a nivel nacional es merecedora de quitarse el sombrero. El pasado sábado 26 de agosto un chingo de raza que la sigue cotorreando, tanto de la ciudad de las Montañas como de otras latitudes (entre amigos, colegas y conocidos conté aproximadamente unas 100 personas que fueron de la CDMX a este festival, ahí nomás) se dieron cita en uno de los parques más bonitos del norte del país: El fundidora. Su historia se remonta a 1900 cuando en el mes de mayo fue fundada la compañía de Fierro y Acero de Monterrey, para después de 86 años y diversos cambios ser declarada en bancarrota. Ya para el 88 se decide hacer un parque-museo-tecnológico-centro de exhibiciones con fines recreativos, culturales, económicos y deportivos.

Por un momento te paras en medio de ese inmenso parque, volteas atrás en el tiempo y no dejas de pensar, viendo esos gigantes de acero, lo que en algún tiempo fue; obreros trabajando, sudando, poniendo su vida en riesgo en un horno de metal fundido, donde en la ciudad las temperaturas en verano rebasan los 40 grados. Si en algún momento nuestros papás nos dijeron que no sabemos lo que era ganarse el pan realmente, poniendo atención en esto, les doy la razón. Ahora en el parque sólo queda el recuerdo y la tirada es distinta, recreación, jóvenes sedientos de música, drogas y nuevas experiencias, el calor se mitiga con cerveza, lo más arriesgado es que te dé la pálida o un golpe de insolación, nadie puede morir en una caldera de acero hirviendo a 1510 grados, la fiesta es el eje principal y todos (los que pagamos) estamos invitados.

Nos avisan que hay un ligero retraso en el escenario principal y Neon Indian iniciará su set una hora después, así mismo la entrada para prensa se retrasa y esperamos afuera de la puerta cinco del parque a que decidan abrirnos. Buen momento para pasar a comprar algunas bebidas embriagantes y no resentir el putazo en la cartera ya estando adentro del fest. Ya con el alcohol corriendo por nuestras venas entramos al Fundidora que estaba tapizado por los artes del Grand Chamaco, la decoración ya te sugería diversión y baile. Nos enfrentamos al ahora recurrente doble escenario, que la verdad es que ha funcionado muy bien, pues ahorra tiempo, espacio y largas caminatas, sobre todo en medio de ese solazo. En punto de las 4:30 Neon Indian sale al escenario todos bien bonitos vestidos de blanco y Alan Palomo irradiando energía con pasos sugestivos y miradas retadoras. A pesar de la calors la vibra en el público era genuina, algunos sólo observando, otros charlando y unos más —me incluyo— bailando. Es increíble ver el regreso de Alan a la ciudad que lo vio crecer, me remonto a hace dos  años cuando sacó el Vega Intl. Night School, en ese entonces yo trabajaba de cerca con la gente de Arts&Crafts, sello que lanzó el disco en México. Se me hacía muy chido todo lo que giraba en torno al lanzamiento del álbum, todo un concepto que incluso incluía una hot line, al poco tiempo me di cuenta que era un proyecto de un mexicano y eso lo hizo muy especial. El verlo por primera vez fue una sensación increíble ya que fue más de lo que esperaba, un acto completo, todo tocado y cantado en vivo, una energía como pocos y un set bastante completo, desde las viejitas como “Mind, Drips” y “Deadbeat Summer”, pasando por sólo una del Era Extraña, la ya clásica, la única que se sabían todos, la que nos volvió locos a unos minutos de haber iniciado el festival: “Polish Girl·, una buena selección del Vega Intl. con “Dear Skorpio Magazine”, “Annie”, “The Glitzy Hive”, “Street Level”, “Slumlord” y “Slumlord’s Re-lease”, y dejando tiempo para dos covers: “Cool Cat” de Queen y “Pop Life” de Prince. Así nomá’ quedó.

Terminando este acto en el escenario de junto ya se preparaban los siempre emos The Horrors para ponernos a cantar, gritar y a bailar. La chela estaba bara en comparación con otros festivales, bueno 90 varos tampoco es que le hicieran justicia a una Budlight, pero era lo que había y te chingabas, las áreas verdes y sombritas eran bien aprovechadas para descansar un rato y echarse al pasto para sentir el fresco, eso sí, se aprovecharon de la necesidad de líquidos, en específico agua pues nos dejaban caer una botella de 600 ml en 60 pesos, sí, 10 pesos por cada 100 mililitros de agua, pinche Hellow. Pero regresando a los Horrors después de los horrores del agua, los londinenses para nada decepcionaron en su primera visita a La Sultana del Norte, se notaban todos bastante emocionados, jaja, emo-cionados, ¿cachai? Ok, mal chiste. En el escenario la vibra era única, sin embargo enfrentaron severos problemas con el audio, sobre todo en la última rola que la batería dejó de sonar. 🙁 Fuera de ahí su set estuvo compuesto por temas como “Hologram”, “Mirrors Image”, “Still Life”, “Endless Blue” y la incréible “I See You”.

Al terminar, nos negábamos a que Kinky fuera nuestra única opción, por lo que recorrimos el resto de los escenarios en busca de algo que nos despertara después del viaje que no pusimos con Faris y compañía. Lamentablemente el remedio no fue Jesse Baez, cuya fórmula de R&B sin mucho más que ofrecer ya nos está empezando a cansar (y más después de que lo hemos visto hasta en la sopa este año), por lo que la solución fue, efectivamente, regresar al escenario principal a ver a los oriundos de Monterrey.

Para nuestra sorpresa, a pesar de ser locales no se sentía que la gente estuviera ahí sólo por eso, sino que un deseo verídico de disfrutar la fiesta de Kinky al ritmo del atardecer se sentía en el aire. Presentando bastantes temas de Nada Vale Más Que Tú, su última producción de estudio, los grandes clásicos fueron los más coreados de su presentación. Bailar “¿A dónde van los muertos?” con unas cuantas chelas arriba en plena Sultana del Norte es algo que cualquiera tiene que hacer en algún momento, y Kinky no decepcionó en ese aspecto. Cumpliendo y recibiendo el cariño de su público, pero nada del otro mundo.

Quienes definitivamente sí dieron de qué hablar fueron Sophie Hawley y Tucker Halpern de, amm, sí, SOFI TUKKER, que llegaron con actitud de verdaderos headliners a despabilar a los pocos que aún no estaban bailando. Es raro ver a sólo dos personas en el escenario moviendo de tal manera a un abarrotado escenario. Más cuando esas dos personas sólo tienen una pequeña consola y una guitarra que no pasa de tocar dos acordes, pero la actitud de ambos termina ganándole a cualquier carencia técnica. Con sólo un EP bajo el brazo, fue impresionante ver el nivel de convocatoria que el dueto tiene y cómo no les bastó con el sold out en SALA un día antes, sino que también estaban decididos a conquistar Monterrey. Algo que, a mi parecer, lograron con creces. Sí, a fin de cuentas no pasa de ser la electrónica más sencilla que te puedas encontrar, pero cuando tienes ganas de disfrutar el atardecer y dejar de hacerte el intelectual por un momento, SOFI TUKKER fue el antídoto ideal para el mame festivalero.

Cayó la noche y con ella uno de los actos más esperados: Weezer, quienes también se presentarían por primera vez en Monterrey. La banda liderada por Rivers Cuomo sabe bien cómo llegar a un escenario y como ya es usual en su set “My Name Is Jonas” fue uno de los primeros temas en sonar. Como opinión personal Weezer se siente como esas bandas de estadio que nunca llegaron a serlo (no al menos en México) y siguieron su curso con la versión compacta del estadio, el festival, donde rodeados de fans, curiosos y muchos otros nada familiarizados con la banda, se dan cita para verlos dar cátedra de canciones pegajosas de un rock a veces dummie, a veces contestatario, con su español risible y  riffs de guitarra muy de una época en la que honestamente ya no vivimos. Para mí ver a Weezer fue sentirme muy cerca de esos conciertos de estadio, donde una sola banda reúne al doble o el triple de la gente que había esa tarde en el Hellow, y el 90% de ellos realmente iban a ver a la banda, pero Weezer no llegó ahí y se quedó con los festivales, lo hacen bien, pero quizá al punto que querían alcanzar llegaron un poco tarde.

Y el momento esperado llegó. El único responsable de generar el mayor éxodo chilango, y nacional, que en algún otro festival se hubiera visto. El pinche cabrón en persona. Con un silencio expectante, day one followers, newcomers, curiosos y hasta uno que otro que ni “King Kunta” había escuchado, se mordían las uñas por ver salir al mismísimo Kung Fu Kenny. El build up para su aparición se tornó aún más tenso con los visuales que anticipaban un camino que todos recorreríamos esa noche: el de Kendrick para volverse el único maestro. Humo, luces, un pants morado y camisa blanca. La mejor hora de sus vidas.

Cualquier cosa que se pudiera esperar sobre la primera presentación de Kendrick Lamar en México no alcanzaría a describir lo que explotó en el Fundidora. Con sólo su micrófono y un chingo de energía, Kdot demostró cómo las 76,000 personas que abarrotaron el parque no estaban equivocadas. Siempre pecamos de generalizar al intentar descifrar la emoción de las miles de personas de las que no tienes la más puta idea de cómo se la pasaron, pero sólo Kendrick puede hacer que no haya duda. La “corta” hora que veíamos antes de llegar terminó siendo el ejemplo primigenio de cómo darle en la madre a tu público y hacer que te pidan piedad para que pares. Los dos minutos que coreamos “Humble” a capela mientras el pinche cabrón recibía la ovación del público mexicano, el descanso necesario para comenzar a creer lo que estaba pasando. La sonrisa de Lamar al completar su misión en los visuales que acompañaron todo el tiempo y nos guiaron por peleas ninjas y sensuales contrincantes, la misma que todos teníamos en la cara al descubrir nuestro nuevo tesoro.

Un tesoro que lamentablemente no supimos encontrar en James Murphy y el mejor sonidero sobre la fas de la tierra. Es la segunda vez en menos de un año que veo a LCD Soundsystem y la segunda que termino sintiéndome mal conmigo mismo. No sé si sea México, no sé si sea que el legado de DFA Records tardó en llegar, no sé si haya más gente que piensa lo que la estúpida nota del Times que asevera que la banda se separó para ganar más dinero en su gira de reunión, pero otra vez le quedamos a deber a LCD. Y le quedamos a deber en su mejor momento. Con un James mucho más confiado en el escenario respecto a su set en el pasado Corona Capital, lo que trae LCD es algo cabrón. De época. Si fuéramos un poquito menos ojetes, cerrar la noche con “All My Friends” tendría que ser el momento festivalero que recordemos con nuestros antiguos camaradas en las reuniones de aquí a cuarenta años. Pero no fue así. El ambiente para ese momento ya se estaba apagando. Los destrozos del cuerpo y mente ya estaban haciendo efecto y no tuvimos los huevos para aguantar el ritmo. Aún así, en su inconsciente o donde sea, todos recordarán ver bajar la bola disco y bailar “Home” como si el tipo de al lado al que nunca van a volver a ver fuera su padre y el pedacito de Fundidora en el que estaban parados fuera su verdadera casa.

Así terminó, para nosotros que ya no aguantamos el atasque de DJ Snake, un Hellow más que pone la vara muy, muy alta para cualquiera que quiera apañarse el nombre del “mejor festival de México”. El Hellow no lo es, pero si pudiéramos armar nuestro once ideal y hacernos una chaqueta mental de cómo sería el evento que marque una nueva pauta para el entretenimiento en México, lo vivido aquí sin duda saldría en la conversación. Estamos seguros que esto no fue el tope y nos urge comprobarlo el próximo año. Sorpréndenos, Hellow.

Mira la galería completa en nuestro instagram: @THEWMP

Texto: Kevin Frippson / Uriel Delgado

Fotos: Gisela Terrazas / Yamileth Moncerrat