La visión distorsionada de André Kertész #JuevesCultural

El fotógrafo húngaro André Kertész fue un pionero del periodismo fotográfico en el siglo XX, sin embargo sus intereses eran más ambiciosos que un simple registro de los hechos. Comenzó a interesarse por la distorsión en 1917 tras fotografiar una modelo debajo del agua. Pronto comenzó la exploración visual y técnica: para 1933 tenía una foto secuencia de 200 fotos de gigantes cuerpos distorsionados.

 

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En sus fotografías, Kertész juega con los registros de luz y dibuja extrañas composiciones como si fuera un pincel. Estira la carne, engorda sus modelos, las vuelve más carnosas, apuntala facciones exageradas y crea formas tanto artificiales como irreconocibles.

 

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A veces se considera que una fotografía vale más que mil palabras, es un símbolo de legitimidad y de la verdad. Pero, ¿Qué sucede cuando la misma técnica se traiciona a sí misma y muestra que no es tan confiable como parece?.

 

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Los cuerpos distorsionados crean polémica sobre la credibilidad que se le otorga a la fotografía. Muestran que, después de todo, hay alguien manejando la cámara; alguien que puede apuntar, disparar, encuadrar y especialmente resaltar o eliminar los detalles que elija. En el siglo XX, cuando aún no se experimentaba a grandes escalas con las placas de plata y los químicos fotográficos, deformar la realidad parecía una idea muy  innovadora.

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Actualmente distorsionar imágenes puede resultar muy sencillo. Tenemos a nuestro alcance diversas herramientas de edición que nos permiten tomar las fotografías y hacer de ellas algo muy diferente. Quizá es por eso otorgamos méritos a Kertész, pues en su época no habían herramientas digitales y sus fotografías se construyen a través de metodologías análogas. Para lograr distorsionar los cuerpos, el fotógrafo usaba espejos, vidrios y otros materiales.

 

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La mujer siempre ha sido un símbolo de belleza, de sensualidad y de deseo. Por ello, la obra de fotógrafo húngaro parece una puerta que lleva a otra realidad de aspectos inexplorados. Trata la idea de lo grotesco, de lo que no se desea y de lo que asusta: del lado deforme de los cuerpos femeninos. No hay consuelo. Quizá veamos un pie proporcionado, solo para encontrarnos después con un trozo de carne indudablemente alargado.

 

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Es difícil pensar que las fotografías provienen de hace 80 años. Con un espíritu contemporáneo e innovador, parecen tan actuales como si hubieran sido tomadas hace apenas unos años. El siglo XX estuvo lleno de artistas sedientos de algo diferente, dispuestos a hacer exploraciones visuales de las cuales desembocarían muchas otras obras que hoy consideramos contemporáneas. Es el caso del fotógrafo Andre Kertész, quien se aventuró a dar un paso adelante, capaz de sorprender ojos que verían sus obras muchos años después.

 

 

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