whiplash

‘Whiplash’ – Damien Chazelle. #WMiércolesDeCine

“Si no eres bueno, terminarás en una banda de rock.”

Esta frase aparece en una toma del cuarto de Andrew Neuman, un joven estudiante de música apasionado por la batería. Al ver fracasada la carrera de escritor de su padre, decide no seguir su paso y, con mucha ambición, convertirse en un reconocido baterista de jazz. La frase marca la pauta, no quiero ser sólo un músico, no quiero tocar para millones de personas, sólo quiero ser el mejor.

Whiplash es de esas producciones estadounidenses que salen a la luz de una forma casi aleatoria y, entre tanta basura audiovisual que produce nuestro país vecino, demuestran que los filmes están en constante evolución, a pesar de que su reputación demuestre muchas más veces lo contrario. Damien Chazelle, un joven director de tan solo 30 años, con un historial previo casi nulo, dejó cuerpo y alma (al igual que sus actores principales) en esta producción. Miles Teller y J.K. Simmons, por su parte, se entregaron tanto al filme que fungen como entes de egos inmensos, que al salir de la sala sólo recuerdas su duelo titánico alumno-profesor.

Terrence Fletcher (Simmons) es un maestro de música que dirige la orquesta de una de las escuelas de música más relevantes del país. Él, además de ser muy bueno, es reconocido por sus métodos poco ortodoxas técnicas de aprendizaje, en las que lleva a sus alumnos al límite e incluso los orilló al suicidio. Andrew (Teller), es seleccionado por el profesor para tocar en su orquesta, pero al tener severos problemas para ‘sacar’ Whiplash, una de las canciones más complicadas para en el instrumento de tambores y platillos. Su pelea de egos comienza en el momento en que Fletcher presiona al joven para llevar el ‘tempo’ de la melodía, y este se decide conseguirlo a costa de todo.

La película, que bien merecidas tiene las cinco nominaciones al Oscar, es un drama que lleva  a sus personajes al extremo con un final que, si no lo has visto te dejará sin aliento.

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