Los recuerdos de la séptima edición de Bahidorá

Todo era color de rosa y alegría hasta lo sucedido, lo que todos ya sabemos, el fallecimiento de un asistente. De la forma en la que veamos este punto, la noticia es una tragedia y realmente lamentamos lo ocurrido. A estas alturas lo importante no es buscar culpables, sino evitar que estas cosas sucedan en éste o cualquier otro evento. Y sí, por obvias razones todos hablan de este hecho, pero nosotros somos un medio musical y escribiremos de esto, el otro lado del festival. 

Fueron tres días en los que nos sumergimos entre la naturaleza de Las Estacas, respiramos energía, y nos inundamos entre los frescos sonidos del Bahidorá. Este festival que año con año hace que te encantes fácilmente de él y quieras regresar. Como no hacerlo si el hecho de desconectarte de la ciudad e irte a encontrar con la esencia natural que transmite es algo único. 

Como apertura del festival, el escenario Umbral recibió a los primeros asistentes donde la música estuvo a cargo de Underground Resistance, uno de los sellos de techno más representativo de Detroit. Junto al baile y la energía, el aire de la noche rosaba nuestros cuerpos, haciendo especiales las primeras vibraciones del carnaval.

El sol comenzaba a brillar y el segundo día de actividades daba inicio. Como ya sabemos, Bahidorá cuenta con un Circulo de Arte donde los artistas contemporáneos nacionales muestran su lado más creativo a través de instalaciones, artesanías y demás actividades, haciendo de cada espacio un universo de colores. 

Durante nuestro recorrido es imposible no ver sonrisas, baile, amistad, y sobretodo mucha paz. Este festival se caracteriza por ofrecer a los asistentes días llenos de desconexión, mientras el clima afrodisiaco y la música en vivo son testigos de su experiencia. 

Podemos decir que aquí cada quien lo vive como quiere, ya que la oferta de actividades es muy amplia, puedes desde ir a nadar al río, hasta las albercas, disfrutar de los diferentes escenarios, conocer las activaciones de las marcas, consentir tu paladar con las delicias de los foodtrucks o darte un relax sobre el pasto y solo respirar paz. 

La frescura de la tarde comenzaba a llegar y junto a ella la presencia de Rejjie Snow y su suave electro hip-hop, el cual rápidamente llenó de energía las almas presentes del escenario Sonorama. Y justo cuando la noche comenzaba a dar color en Morelos y las primeras estrellas nos brindaban su luz, Nightmares On Wax subió al escenario. Este productor originario de Reino Unido transmitió pura sensualidad, durante su set nos llevó por diferentes paisajes llenos de hip-hop, disco y electro-funk. Sin duda, de lo mejor que vimos en el festival. 

El climax de Bahidorá llegaba, y Blood Orange daba los primeros acordes, su fina voz rápidamente cautivó nuestros oídos, envolviéndonos por su fresco R&B y ese toque elegante de hip-hop de los ochenta. Un show digno de recordar y admirar dentro de esta séptima edición.

La hora del baile ya se aproximaba y Roosvelt comenzó su set con ese toque dinámico de electro- indie, el productor alemán rápidamente prendió la noche, durante su participación escuchamos temas como “Moving On”, “Montreal”, entre otras. A estas alturas el frío comenzaba a recorrer nuestros cuerpos y lo único que queríamos era seguir bailando. 

Llegamos al escenario Doritos y Octo Octa se encontraba en plena gobernación, esta productora transgénero hizo lo suyo demostrando porque es una de las más representativas dentro del house en Brooklyn, durante su set transmitió fuerza, energía y mucha potencia musical. 

Junto al frío de la noche las esencia europea de Acid Arab nos cautivó con ese sabor acido, envolviéndonos entre mezclas con toques occidentales expuestas con su sorprendente live lleno de oscuridad y dinamismo. 

Un año más Bahidorá estaba por ser pura alegría, hasta el domingo que desde primeras horas los rumores sobre un descenso corrían entre los asistentes. Y la gente solo se preguntaba: ¿ahora qué sigue? Y fue hasta tiempo después que la producción lo hizo oficial.

Sobre esta edición nos queda aprender a cuidarnos, ser responsables, y conocernos. Ser consientes de las desiciones que tomamos y valorar si realmente necesitamos de algún tipo de estupefaciente para disfrutar un festival.